AUTONOMÍA COGNITIVA
La autonomía cognitiva puede entenderse como la capacidad del estudiante para desarrollar por sí mismo procesos de pensamiento, comprensión, análisis, razonamiento y construcción del conocimiento. En el contexto educativo, implica que el estudiante no sea únicamente un receptor de información, sino que participe activamente en la elaboración de sus propias ideas y en la resolución de problemas.
Aunque los autores no presentan “autonomía cognitiva” como una definición independiente dentro del artículo, esta idea se desprende de su preocupación por preservar las capacidades humanas relacionadas con el lenguaje, el pensamiento lógico, racional y crítico. Para los autores, estas capacidades necesitan desarrollarse mediante la interacción del individuo con su entorno, el lenguaje y la acción.
La aparición de las inteligencias artificiales generativas introduce un nuevo desafío porque estas herramientas pueden generar, sintetizar y procesar información mediante lenguaje natural. Esto significa que pueden realizar algunas tareas que anteriormente exigían una participación directa del estudiante.
Por lo tanto, el problema no consiste simplemente en utilizar IA, sino en qué parte del proceso cognitivo se mantiene en manos del estudiante y qué parte se delega a la tecnología.
SURGIMIENTO DEL CONCEPTO
El concepto de autonomía cognitiva no surge en una fecha única, sino que se construye a partir de diferentes aportes teóricos sobre el desarrollo del pensamiento y el lenguaje. Uno de sus antecedentes principales se encuentra en Lev Vygotsky, quien en 1934 publicó Pensamiento y lenguaje, obra en la que analiza la estrecha relación entre el lenguaje y el desarrollo del pensamiento. Esta perspectiva permite entender que las capacidades cognitivas se desarrollan mediante procesos activos de interacción y construcción de significado.
Posteriormente, en 1964, Jean Piaget, con El nacimiento de la inteligencia en el niño, aportó al estudio del desarrollo cognitivo y de la manera en que el individuo construye progresivamente sus capacidades intelectuales. Más adelante, en 1997, Jerome Bruner, mediante La educación, puerta de la cultura, profundizó en la relación entre lenguaje, pensamiento, acción e interacción cultural, elementos fundamentales para comprender cómo las personas construyen conocimiento.
Estos antecedentes adquieren una nueva relevancia con el desarrollo y la popularización de la inteligencia artificial generativa entre 2022 y 2023, debido a que estas tecnologías pueden generar y procesar lenguaje natural. En 2023, Ubal, Tambasco, Martínez y García llevan esta problemática al ámbito educativo y analizan cómo el uso de IA puede afectar procesos relacionados con el lenguaje, el pensamiento y el aprendizaje. Los autores advierten que, cuando la IA realiza procesos cognitivos que antes debía desarrollar el estudiante, puede disminuir su participación activa en la construcción del conocimiento.
Un ejemplo de la autonomía cognitiva en el contexto educativo puede observarse en la realización de un trabajo académico. Un estudiante puede utilizar una herramienta de inteligencia artificial generativa para obtener información sobre un tema, pero la autonomía cognitiva se mantiene cuando él mismo lee, selecciona, comprende, compara y organiza la información antes de construir sus propias ideas y argumentos. En este caso, la IA funciona como una herramienta de apoyo y no como un reemplazo del proceso de aprendizaje.
Por el contrario, si el estudiante le solicita a la IA que investigue el tema, organice los argumentos, redacte el trabajo y posteriormente presenta el resultado sin analizarlo ni comprenderlo, se reduce su participación en los procesos cognitivos necesarios para aprender. Los autores señalan precisamente que las IA generativas pueden realizar directamente procesos de síntesis y procesamiento de información que anteriormente debía realizar el estudiante, lo que plantea un riesgo para el desarrollo de sus capacidades cognitivas.
Relevancia para la sesión
La autonomía cognitiva es relevante para la sesión porque permite comprender uno de los principales riesgos que los autores identifican frente a la incorporación de la inteligencia artificial en la educación. El debate no se centra únicamente en si la IA facilita o dificulta las actividades académicas, sino en cómo su uso puede transformar la manera en que los estudiantes desarrollan el pensamiento, el lenguaje y la capacidad de construir conocimiento.
Los autores advierten que, cuando la IA proporciona directamente soluciones, síntesis o respuestas, el estudiante puede dejar de realizar algunos de los procesos mediante los cuales desarrolla sus capacidades cognitivas. Por esta razón, la lectura plantea la necesidad de mantener al estudiante como participante activo del aprendizaje y de utilizar la tecnología como apoyo, no como sustituto del pensamiento crítico y autónomo.
En este sentido, el concepto resulta especialmente importante porque invita a cuestionar qué significa realmente aprender en un contexto en el que una IA puede producir respuestas en segundos. La importancia no está solamente en llegar a un resultado correcto, sino en que el estudiante comprenda el proceso, pueda cuestionar la información y sea capaz de construir sus propias conclusiones. Esto también se relaciona con la recomendación de los autores de fortalecer prácticas como la comprensión, la expresión, el diálogo, la evaluación continua y otras actividades que permitan desarrollar las capacidades cognitivas.
REFERENCIAS
Bruner, J. (1997). La educación, puerta de la cultura. Visor.
Piaget, J. (1964). El nacimiento de la inteligencia en el niño. Aguilar.
Ubal, M., Tambasco, P., Martínez, S., & García, M. (2023). El impacto de la inteligencia artificial en la educación. Riesgos y potencialidades de la IA en el aula. Revista Interuniversitaria de Investigación en Tecnología Educativa, (15), 27–47. https://doi.org/10.6018/riite.584501
Vygotsky, L. S. (1995). Pensamiento y lenguaje. Paidós.
